Los “Críticos” de AMLO

En verdad sería absurdo negar que México ha sido, a lo largo de los siglos, presa de diversas maldiciones, de algunas de las cuales nos hemos ido liberando en tanto que otras han resultado ser más tenaces. Para quienes nacimos en la segunda mitad del siglo XX, en más de un momento nos pareció que nunca podríamos liberarnos de la maldición priista. Parecía que estábamos condenados a vivir para siempre en un país de oligarcas descarados, un país hecho a su manera, esto es, podrido institucionalmente de arriba a abajo y en el que el futuro de la población en su conjunto habría de estar indefinidamente a la deriva. De hecho fue así como dejaron a la población, una población sistemáticamente explotada, culturalmente embrutecida, psicológicamente humillada y sin mayores perspectivas de una vida sana y normal salvo en la medida en que la gente pudiera congraciarse con algún cacique de su ámbito de vida o trabajo. Maldiciones como la priista han asolado al país desde que éste viera la luz pero, a no dudarlo, una de las peores, quizá la más odiosa, es la maldición de la Malinche, un personaje que se pretende a toda costa reivindicar, en concordancia con la moda de los ridículos revisionistas de nuestros tiempos que con toda desfachatez aspiran a rescatar del basurero de la historia a piratas desalmados, como Hernán Cortés, a ineptos grandiosos, como Maximiliano de Habsburgo, o a violadores profesionales de derechos humanos, como Porfirio Díaz. En nuestros días, también la Malinche goza de imperdonables seguidores y extranjerizantes abogados. Esta maldición secular toma cuerpo, como todos lo sabemos, en una abyecta combinación de actitudes: de admiración, respeto, y sumisión frente a lo extranjero (en general mas no únicamente, lo occidental, en el sentido más ideológico del término) y de desprecio, menosprecio y altanería frente a lo nacional. Esta postura, como todos sabemos, se manifiesta en los más variados contextos (de conocimiento, deportivos, artísticos, políticos, etc.). El malinchista, como es obvio, tiene que ser un sujeto mutilado, alguien que resulta incapaz de apreciar lo valioso generado en su país o en su cultura o en su idioma, pero que motu proprio e ignominiosamente se arrodilla frente a los productos de las culturas que lo tienen mentalmente adormilado. Y para no dejar la temática en un nivel puramente abstracto, creo que lo mejor será considerar un caso concreto, polémico pero ilustrativo de lo que son los efectos de esta maldición.

Dado que en el fondo tienen poco que decir, los merolicos públicos de siempre, tanto los que trabajan en Avenida Juárez como los que escriben aburridos artículos de periódico, recurren sistemáticamente a slogans y estribillos que usan como armas a derecha e izquierda en sus monólogos y sus diatribas. Una forma de mostrar el carácter vacuo del discurso del merolico que se toma en serio es que lo que dice resulta ser a final de cuentas palpablemente contradictorio. Consideremos rápidamente, por ejemplo, el uso que algunos de estos parlanchines malinchistas y anti-lopezobradoristas hacen de ciertas nociones políticamente importantes, como la noción de democracia. ¿Cómo proceden estos delincuentes de la palabra?

Supongo que todo mundo está consciente de que con la noción de democracia por delante se han cometido toda clase de crímenes, pero para nuestros propósitos lo que importa es notar que dicha noción ha sido usada de manera tan absurda que finalmente se logró que perdiera mucho de su atractivo original. Más aún: la noción ha sido tan tergiversada que los críticos malinchistas del presidente de México ya no saben de qué hablan cuando la usan. Esto no es muy difícil de mostrar. Para disponer de una plataforma mínima pero sólida, yo diría que un gobierno democrático es un gobierno elegido por la mayoría y en la que las autoridades rinden cuentas de sus acciones al pueblo que lo eligió. Si nos atenemos a esta “definición”, se sigue que México no ha vivido en la democracia desde hace al menos 36 años (si es que alguna vez la conoció). Triunfos electorales limpios (hablo desde luego de elecciones presidenciales, pero como es obvio lo que vale para ellas vale para las elecciones de menor rango) hubo pocos (si es que alguno) desde lo que podríamos llamar el ‘salinazo’, proceso que implicó la “caída del sistema” y la muerte de Manuel Clouthier, entre otras anomalías. Después del triunfo de Fox, se le arrebató la victoria al Lic. Andrés Manuel López Obrador en dos ocasiones. Eso hasta los niños lo saben. Ahora bien, si hubiera dudas con la mitad de la definición ofrecida más arriba, de seguro que la otra mitad de la definición nos llevaría al mismo resultado, a saber, que los mexicanos no teníamos ni idea de lo que es vivir en la democracia porque, dejando de lado el circo al que convirtieron el informe anual del 1 de septiembre: ¿qué presidente le informó a la población día con día lo que hacía o dejaba de hacer?¿Qué presidente tuvo a bien proporcionarle datos a la población concernientes a las medidas tomadas en los más variados sectores del gobierno y a los resultados obtenidos?¿Hubo alguna vez en México un presidente así? Y si no lo hubo y aplicamos la definición: ¿podría decirse que antes de la llegada del Lic. López Obrador a la presidencia del país se vivió en México alguna vez en la democracia? Según yo, si aceptamos nuestra sencilla premisa tendremos que admitir que ni los gobiernos priistas ni los dos panistas fueron gobiernos democráticos. Pero entonces ¿por qué y sobre qué bases los grandes defensores de la democracia critican al único presidente genuinamente democrático que hemos tenido? Y ¿qué valor puede tener la “crítica” de gente que es simultáneamente malinchista e incoherente?!

¿Cómo nos explicamos el hecho de que muchos delincuentes del periodismo – gente que aspira a convertirse en “líder de opinión” pero que a ojos vistas no tienen el nivel para ello, hablantines que se llenan la boca sollozando por la democracia, tomando como modelos siempre a gobiernos de otros países, ensalzándolos y postulándolos como paradigmas a seguir – sean tan ciegos como para no ver que eso que elogian en otros lo tienen ante los ojos en su propio país, a pesar de lo cual no lo detectan?¿Por qué eso que alaban en teoría lo repudian cuando se materializa? Es obvio que la respuesta sólo puede venir dada en términos de intereses, de prebendas, de corrupción, etc. Esa respuesta es en sí misma suficiente, porque es acertada, pero yo creo que podemos ir un poco más allá y examinar aunque sea superficialmente el perfil de algunos de estos “comentaristas políticos” que se han vuelto sumamente “críticos” de la verdadera democracia, que es la que se está poco a poco instaurando en nuestro país. Consideraré rápidamente un par de casos para luego abordar temas más generales.

Hay un sujeto que, lo confieso, desde hace ya mucho tiempo me tiene realmente de mal humor. Este individuo tenía programas de televisión durante los cuales hacía entrevistas más tendenciosas que un interrogatorio policiaco y que realmente más que entrevistas parecían sesiones de catecismo político, muy primitivo desde luego dándole siempre la palabra a los enemigos del progreso social de México y nunca a sus adversarios ideológicos. El fanatismo (bien pagado, por otra parte, como lo dejó en claro un bien conocido analista político serio que prefiero no mencionar) de esta persona lo llevó hasta a alentar por televisión y de manera más bien burda a un magnicidio, durante la campaña presidencial del año pasado y por lo cual fue momentáneamente echado a la calle. Confieso que a mí me intriga el hecho de que un sujeto que ciertamente no da la impresión de pertenecer a la nobleza británica o de ser descendiente de la princesa de Mónaco, un adefesio intelectual tan notorio, logre con éxito contribuir a que circule una cierta terminología de carácter ideológico pero también de tintes claramente racistas y que mucha gente la adopte! Así, este mamarracho se permite hablar de los “chairos” para referirse a los seguidores del Lic. López Obrador, pero ¿quién es él para expresarse de esa manera?¿Con qué autoridad habla y se pronuncia de esa manera?¿Cuál es su palmarés? El sujeto en cuestión es, obviamente, el pseudo-periodista Ricardo Alemán, a quien yo, que me reconozco como un “chairo”, lo reto a debatir públicamente sobre el tema que quiera. Por el momento, sin embargo, lo que quiero preguntar es: ¿cómo nos explicamos el que este auto-nombrado defensor de la democracia en teoría ataque la democracia en la práctica? Tiene que tratarse de alguien que o no tiene ni la más elemental noción de lógica o carece por completo de escrúpulos morales, aunque hay desde luego una tercera opción, que es por la que yo más me inclino, a saber, que sea por ambas cosas. Ahora bien, lo interesante de este caso tan grotesco de “crítico” político es que sirve para ilustrar la calidad de los adversarios ideológicos del actual presidente de México. Esta persona es una muestra espléndida de lo que se puede esperar de la “crítica” en contra del gobierno del pueblo cuando quienes la expresan no son otra cosa que minúsculos portavoces (i.e., bastante mediocres) de los resentidos expulsados de las esferas del poder. La pregunta es: ¿realmente vale la pena bajar tanto el nivel, tomarse en serio los temas y discutir con enclenques intelectuales como este? Estamos dispuestos a ello, pero sólo si sirve para algo.

Otro super-personaje que se ha manifestado grotescamente en contra del Presidente de México es el otrora popular payaso Víctor Trujillo, escondido tras su disfraz de Brozo. En este caso con lo que nos topamos es con el típico chaquetero, un semi-exitoso alpinista social al que de pronto deslumbran cinco minutos de gloria y los atractivos del dinero. Aprovechando una situación particular y haciéndose el chistoso aludiendo al aspecto físico de una persona (en mi opinión, él debería tener presente que si se permite mofarse del físico de las personas automáticamente abre la puerta para convertirse en el blanco de las burlas de otros y debería estar plenamente consciente de que es un blanco fácil para muchas burlas, porque Adonis ciertamente no es), este ex-payaso (que ahora de cómico no tiene nada) intenta pérfidamente hacer creer que las entrevistas mañaneras del presidente no son más que una farsa preparada, reminiscente de sus propios programas de Televisa. Sin embargo, en su nuevo rol de investigador, de politólogo crítico (Ja!) y alentado por su relativamente nuevo entorno (se habla inclusive de agentes de la CIA), Trujillo activa su viperina y experta lengua para denigrar no sólo al presidente del país, sino también de paso al pueblo de México, el pueblo del cual él extrajo su lenguaje y sus chanzas, su mentalidad y su perspectiva global sobre la mujer, el sexo, los políticos, etc., etc. La verdad es que ya desde el conflicto con José Ramón Fernández (que en público por lo menos nunca lo bajó de payaso) se pudo vislumbrar la clase de personaje que es él mismo: un traidor convenenciero, un apóstata político, un tipo que sólo aspira a hacer reír a gente poderosa e influyente, a besar las manos a sus amos del momento (ya tuvo no pocos) y que por meras contingencias llegó lejos en el rating televisivo hasta que se agotó. Todos creímos que él ya había entendido que ya no tenía absolutamente nada más que decir, pero de pronto se volvió un “observador crítico”, un “analista profundo”, un gran comentarista político, alguien que nos ayuda a comprender en qué consiste el proceso de la así llamada ‘Cuarta Transformación’. Pero aquí la pregunta es: ¿cómo puede un tipo que nunca fue a la universidad convertirse súbitamente en todo eso? ¿O sea que cualquiera que tenga un poco de labia, un cierto ingenio popular y un gran talento de carpero puede pronunciarse sobre temas complejos, que exigen lecturas, estudios de posgrado, tecnicismos de muy diversas clases, experiencia laboral, etc.? Si Trujillo piensa que el mero contacto con quienes le conceden el privilegio de codearse de cuando en cuando con ellos (también los ricos necesitan payasos!), que el simplemente estar en el medio basta para convertirse en una autoridad en temas políticos, lo menos que podemos decirle es que desvaría. Y lo que definitivamente no tiene derecho a hacer es a tergiversar los hechos en forma obvia, a desvirtuar una gran labor como lo es el trabajo matutino y cotidiano del presidente López Obrador, el único presidente genuinamente democrático de México (quizá no falte el genio que señale a Santa Ana como un predecesor del actual presidente!), un modelo para el mundo y del cual podemos (no siendo malinchistas) estar orgullosos, porque ¿acaso no contamos con los dedos de la mano a los mandatarios que se toman la molestia de informar a sus pueblos acerca de las decisiones que toman y de lo que se hace en las esferas de gobierno y ello día a día?¿Quién es Víctor Trujillo (aparte de ser un ciudadano que tiene derecho a expresarse, como más de una vez lo ha dicho el presidente) para pronunciarse como si realmente fuera un especialista sobre cuestiones que de hecho (y él mismo lo sabe) lo rebasan por completo?¿Por qué no mejor nos cuenta un cuento?

Cuando pasamos a la mafia intelectual lo que es imposible no percibir es la voluntad de combatir la política presidencial por todos los medios y en todos los frentes. Diariamente, desde la madrugada famosos articulistas de periódicos, comentaristas de radio y televisión inician su persistente labor de desprestigio, boicot, ridiculización, etc., de todo lo que emana del presidente López Obrador. Afortunadamente, sus tácticas están mal pensadas. Muchos pretenden ser tan sofisticados en sus “críticas” que terminan por hacer ininteligible lo que afirman y su mensaje simplemente no llega. Es obvio que no saben hablarle a la gente. La mafia en cuestión tiene desde luego sus jerarcas y sus soldados rasos, pero por lo menos hasta ahora todos sus intentos han sido infructuosos. ¿Por qué? Una razón es que los ha neutralizado precisamente la labor cotidiana de información por parte del presidente López Obrador. Media hora de aclaraciones reales pesan lo mismo que toneladas de “fake news”. Sin embargo, yo opino que el aparato estatal debería pasar al contraataque. Si bien la figura del presidente está por encima de las canalladas de esta ralea de pseudo, proto y para-intelectuales, es injusto dejarle al presidente toda la tarea de limpiar los establos de Augías que es el espectro de las noticias y la información. No hay que comprar ni tiempo ni espacio en los medios ni se tiene por qué o para qué volver a caer en contubernios de ninguna índole. No se necesita. Pero sí hay que formar el grupo que cumpla sistemáticamente con la labor ideológica de higienización de la información, con el rastreo de los orígenes de las calumnias y con la sana labor de difusión de las ideas y los ideales del único gobierno realmente democrático de nuestra historia.

Yo pienso que es un error desconocer las lecciones de la historia y una de ellas es que los reaccionarios, los fraudulentos, los enemigos del pueblo no tienen ni escrúpulos ni piedad. Un ejemplo de ello nos lo proporciona el caso de la ex-presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner. Por jugar lealmente con las reglas de la democracia ella misma permitió que se desencadenara una inmensa campaña de desprestigio en su contra y de burla de su persona, campaña que terminó invistiendo de odio las mentes de la mitad del pueblo argentino. Así se explica, parcialmente desde luego, que cuando llegaron las elecciones presidenciales, hace casi 4 años, sus adversarios políticos lograron hacerse del poder, inclusive si no fue más que para llevar a Argentina a la bancarrota y al desastre. No podemos permitir que eso pase en México. Bienvenida, hoy y siempre, la crítica seria y constructiva, las objeciones teóricas bien fundadas, la oposición respetuosa y la lucha política abierta en el marco de la vida constitucional. Pero también le debe quedar claro a los enemigos del pueblo de México que éste ya abrió los ojos y que a menos de que vengan con una propuesta más ad hoc para los intereses nacionales que la del presidente Andrés Manuel López Obrador no nos quedaremos de brazos cruzados ante agresiones baratas y vituperios injustificables.

7 comentarios

  1. MARIA ELENA dice:

    Enhorbuena por tu regreso con tus acertadas reflexiones , y por hacer ese exhorto que nos nos quedemos de brazos cruzados, en esta etapa de un intento de reconstrucción de este México nuestro.
    Saludos y lo mejor en este reinicio de actividades

  2. Humberto Luebbert Gutiérrez dice:

    Saludos dr. Todo coincido excepto los pre-juicios contra Marina Malinalli, la madre de la patria de la raza de bronce por la que habla el espíritu

  3. Blanca C. dice:

    Me parece extraordinario y acertado el artículo. Claramente describe la cretinizacion vulgar de los medios. Saludos Dr. Tomasini

  4. Carlos Eduardo Jiménez Rubiano dice:

    https://youtu.be/GcEDjK5tuBA Su caracterización de la noción de malinchismo (de Malinche) me recuerda esta bella canción colombiana y me hace pensar que ese mismo fenómeno sucede en Colombia, con más énfasis en nuestro actual gobierno, pero no encuentro una sola palabra para describirlo. Gracias por sus pensamientos, profesor Tomasini.

  5. Gabriela Faviel Mejia dice:

    La historia no miente y en verdad los lacayos de la derecha han intentado desvirtuarla, siempre por intereses mezquinos. Que bueno que el pueblo de Mexico desperto y se ha politizado. ¡Defendamos, como Usted, la verdadera democracia!

  6. Arturo dice:

    Tenemos dejar de lado la visión ‘apriorística’ que tenemos de la política: por un lado, muchos que apoyan al gobierno, piensan que con AMLO ya están resueltos los problemas; por el otro, muchos de los críticos presuponen que AMLO es ya el fin de los tiempos. Desde mi perspectiva, y en un país como México, suelo fértil para la corrupción, no queda más que aplaudir los aciertos, y alzar la voz si es que el gobierno se equivoca.

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