Zelensky, el Maldito

Si para los políticos profesionales de alto vuelo, avezados en toda clase de intrigas y conspiraciones, los fenómenos políticos – dada su complejidad – no siempre resultan explicables o comprensibles, ¿qué podemos esperar del ciudadano de a pie, del hombre de la calle para quien la información genuina es de hecho inaccesible, de los millones de personas a quienes nadie les explica con un poquito de paciencia lo que sucede y por qué sucede? El caso de la actual guerra de Ucrania contra Rusia (me explico: la invasión fue rusa, pero la guerra de facto la declaró Ucrania, por razones que espero que afloren a lo largo de esta exposición) ejemplifica a la perfección lo que afirmo. En este caso particular, la situación se vuelve más ininteligible todavía no sólo por el hecho de que Ucrania, por razones geográficas e históricas, es un país que a, digamos, nosotros los latinoamericanos nos queda, por así decirlo “muy lejos”, sino sobre todo porque el fenómeno de la  guerra ruso-ucraniana está sometido a un pavoroso e intensísimo proceso de desinformación, mentiras y tergiversaciones, jugando todo el tiempo con suposiciones falsas que se hacen pasar como verdades evidentes de suyo y que por lo tanto es anatema cuestionar o poner en tela de juicio (daré algunos ejemplos después). Dado que el bombardeo cotidiano de calumnias por parte de la prensa, el radio y la televisión termina por abrumar a la gente, a ésta no le queda más que resignarse tratando de conciliar lo que su sano instinto le dice (a saber, que las cosas no son como le están diciendo que son) con las cataratas de falsedades y patrañas con que la sepultan. El resultado a menudo no puede ser otro que alzarse de hombros y volverse indiferente frente a una situación que resulta cada vez más incomprensible pero en relación con la cual se carece de datos para poder defender, aunque sea mínimamente, un punto de vista un poco más equilibrado. La moraleja es simple: la influencia de los medios masivos de comunicación es inversamente proporcional al nivel de cultura e información de las personas: mientras menos se instruye uno, mientras menos recaba uno información genuina, más fácil se es presa de los agoreros a sueldo, esto es, de los empleados (a menudo, inmensos mediocres, pero con el micrófono en la mano) del frente de la desinformación y el engaño popular internacional.

Un ejemplo contundente e innegable de lo que acabo de decir nos lo proporciona la guerra mediática en contra del presidente de México, el Lic. Andrés Manuel López Obrador. Dejando de lado a quienes tienen intereses contrarios a los de nuestro país, a los de la nación mexicana, augustamente representada por el presidente, podemos preguntar: ¿en quién tiene éxito dicha guerra? Ante todo en la gente ignorante que no sabe hacer otra cosa que repetir como perico lo que se le inyectó en la mente a base de “noticieros”, “comentaristas”, “columnistas” y demás. En el caso de México, afortunadamente, hay un factor de equilibrio, que son las presentaciones que hace el presidente todos los días, de lunes a viernes, a través de las cuales proporciona datos fidedignos y explicaciones certeras sobre toda una variedad de situaciones y problemas que de otro modo nunca se conocerían y lo tanto no podría nunca la gente enterarse de qué aspecto efectivamente presenta la realidad. La confrontación, sin embargo, es (como todos sabemos) tremendamente desproporcionada: son dos horas de conversación con el presidente frente a toneladas de escritos, pronunciamientos, descalificaciones, calumnias, insultos, mentiras y demás 24 horas al día. Aun así, dada la ínfima calidad de los soldados del frente ideológico – sólo alguien con un intelecto de paquidermo puede todavía encontrar graciosas las sandeces de un Brozo o las canalladas de un Loret de Mola, digo yo – el presidente ha logrado neutralizar en gran medida todo el diluvio de mentiras odiosas y cada vez más inverosímiles. Pero si el proceso de desinformación sistemática es difícil de contrarrestar en México inclusive si los asuntos a tratar son asuntos que nos conciernen directamente, ¿qué podemos esperar cuando la labor de adormilamiento mental concierne a países de los que, para bien o para mal, estamos muy alejados? Desafortunadamente, en el caso de la guerra entre Ucrania y Rusia no tenemos algo equivalente a un AMLO que pudiera detener o al menos frenar el flujo de falsedades, embustes y demás con que se nos inunda. Por ello, los librepensadores de todas las latitudes tenemos la obligación de pronunciarnos sobre el tema para, sin ni mucho menos pretender presentarnos como especialistas, contribuir simplemente a que se tenga un cuadro un poquito menos falsificado y un poquito más realista de lo que aquí y ahora está sucediendo en Europa Oriental.

Como a todos nos queda claro, las agencias internacionales de prensa, que son las que producen, manejan y distribuyen en todo el mundo la información circulante (se verán los mismos clips en Chile que en España que en Estados Unidos, etc., y, obviamente, que en México) están empeñadas en alcanzar uno y el mismo objetivo: convencer al mundo de la maldad intrínseca del presidente ruso, V. Putin y exaltar la siniestra figura de la marioneta ucraniana al servicio de intereses esencialmente no ucranianos, esto es, de Volodímir Zielensky. Ahora pregunto yo: ¿se ha puesto el amable lector a pensar quién es este individuo, por qué y cómo llegó a la presidencia de Ucrania y para quién “trabaja” realmente? Intentemos nosotros construir, con los pocos datos que poseemos, un cuadro un poco menos ridículo que el que nos pintan los noticieros del canal 4 de Televisa o los articulistas del New York Times, que para el caso son básicamente lo mismo.

Para empezar: ¿quién es Zelensky? Es un ciudadano ucraniano, de origen judío, de profesión abogado, muy probablemente un inepto puesto que de hecho nunca ejerció y pasó de abogado a actor de programas pretendidamente cómicos de televisión. Alcanzó una gran popularidad gracias a una demagógica serie de carácter político que, como por casualidad, “está en Netflix”. Él trabajaba para una compañía cuyo propietario es el gran oligarca Igor Kolomoisky, ciudadano ucraniano pero también israelí. Este sujeto fue de los que supieron aprovechar el derrumbe del socialismo y se apropió en Ucrania un poco de todo: fundó un banco, incursionó en la industria del acero, en compañías de aviación, etc., y en una compañía de televisión, que es donde Zielensky llegó a trabajar. Primer resultado: quien descubrió y promovió a Zielensky, quien lo hizo candidato a la presidencia, quien le dictó su política de arriba a bajo fue Kolomoisky. Éste es su patrón o ¿habrá una palabra menos cruda?

El plan político que Zelensky acepó imponer en Ucrania era de un simpleza y de un nitidez asombrosas: se trataba a toda costa de integrar a Ucrania en el club de lacayos de los Estados Unidos, esto es, en la tristemente famosa Unión Europea, y sobre todo en la OTAN, que es el brazo militar de los Estados Unidos en Europa. No se olvide, por ejemplo, que Alemania nunca desde el fin de la Segunda Guerra Mundial dejó de ser un país ocupado por el ejército norteamericano. Nunca después de haber firmado la paz abandonaron los norteamericanos sus cuarteles y sus bases. Más bien al contrario: se extendieron por toda Europa al grado de que integraron no sólo países que habían sido miembros del Pacto de Varsovia (digamos, la OTAN soviética), sino a ex-repúblicas soviéticas, como Estonia, Letonia y Lituania. Con bases de la OTAN (o, para usar un sinónimo, norteamericanas) en Rumanía, Polonia, etc., faltaba sólo Ucrania para tener literalmente rodeada a Rusia. Desde el punto de vista de los intereses norteamericanos, Ucrania era estratégicamente el país más importante, más que por ejemplo Polonia, que no tiene ni la riqueza natural (trigo, cebada, petróleo, etc.) ni la posición estratégica de Ucrania, con acceso al mar de Azov y al Mar Negro. Estas son algunas de las premisas del juego. Faltan algunas piezas del rompecabezas.

La primera fase del plan de absorción de Ucrania era, naturalmente, la toma del poder, cosa que se logró con el golpe de Estado de 2014. Todos recordamos a la descarada (y satánica) subsecretaria de Estado, Victoria Nuland, repartiendo dulces y chocolates a las personas con las que se topaba en la calle después de los disturbios de Maidan. Una vez obtenido el poder lo que se hizo fue implementar una política de “pre-guerra” en contra de Rusia. No sólo se desató la agitación política a nivel popular, exacerbando los sentimientos nacionalistas de la población (algo siempre relativamente fácil de lograr), con promesas fantásticas de bienestar y progreso, con la formación de grupos paramilitares, entrenados por norteamericanos y canadienses, sino que se instalaron los primeros laboratorios de guerra bacteriológica (el coronavirus: ¿le dice algo al lector?), obviamente clandestinos, en los que estuvo involucrado, cobrando alrededor de 80,000 dólares mensuales por sólo parecer como miembro de la junta directiva, el hijo del presidente J. Biden. Quizá se recuerde que el presidente Donald Trump lo denunció y el gobierno ucraniano se negó a proceder en concordancia con lo que Trump solicitaba, que era hacer públicos los negocios turbios en los que estaba involucrada la familia Biden. Mucho de esto se sabe, dicho sea de paso, porque (¿cómo calificarlo, si no es como “estúpido”?), el hijo de Biden perdió una laptop con información privilegiada y obviamente mucha de esa información pasó a otras manos. Todo estaba, pues, encaminado, pero no estamos más que empezando el segundo acto.

Uno de los problemas que enfrentaban a Rusia con Ucrania (ojo: no a la Federación Soviética Rusa y a la República Popular de Ucrania.  En la época del socialismo conflictos así no existían) se sitúa en el sur del país, en donde en ciertas regiones, concretamente la del Donbas, pero no nada más, sino también en Crimea, la población es por tradición y mayoritariamente rusa. El objetivo de los neo-nacionalistas ucranianos (o, empleando  terminología del presidente Putin, de los neo-nazis ucranianos) era ni más ni menos que la aniquilación de la población rusa en lo que quedó como Ucrania al momento en el que la Unión Soviética dejó de existir. Para la labor de extermino de miles de familia los expertos en masacres, esto es, los militares norteamericanos, a través de su títere del momento, empezaron a pensar en algo así como las famosas “brigadas internacionales” que se formaron para luchar en contra de la insurrección franquista durante la guerra civil española, sólo que compuesta en este caso por los mercenarios más desalmados en los que pueda uno pensar, como los que mataron a Muammar Kadhafi o siguen hoy todavía cometiendo barbaridades inenarrables en Siria. Eso no podría ser de otro modo porque, podría sostener un indignado oriundo de Europa, es impensable que un europeo rubio degüelle a niños y mujeres embarazadas! Una simple clase de historia bastaría para rebatir una opinión tan ridícula, pero en todo caso lo que podemos aseverar es que semejante plan parecía impensable hasta que los servicios de inteligencia rusos recabaron la información secreta del proyecto ucraniano, un proyecto no pensado por el monigote Zelensky, porque él no piensa: él es un actor, pero sí avalado, justificado y legalizado por él. Los problemas con la población rusa del Donbas se venían arrastrando desde hacía años. Para solucionarlos se llegaron a ciertos acuerdos que se firmaron en Minsk, pero que los ucranianos nunca respetaron. Aquí la pregunta que cualquier persona se haría es: ¿qué se supone que tenían que hacer el gobierno ruso? La respuesta es tan obvia que me la ahorro. Me limitaré a señalar que yo trato de escribir para gente pensante y no para retrasados mentales que no sabrían dar una respuesta obvia a una pregunta clara.

Con todo listo para empezar el ataque a lo que podríamos llamar la ‘región rusa de Ucrania’, el gobierno ucraniano le puso en bandeja de plata al gobierno ruso la justificación de su potencial intervención. Era obvio que el gobierno ruso no se iba a quedar de brazos cruzados presenciando de lejos la masacre de sus connacionales y la instalación de bases norteamericanas en su frontera. Así, un par de días antes de que los ucranianos iniciaran su campaña de guerra, Rusia actuó en defensa propia y por razones de supervivencia. Es en este contexto que Zelensky, quien debe tener además de un odio infinito dos dedos de sesos, jugó su papel de actorcete en rol de presidente y le infundió un tono particular al conflicto. Esto amerita unas cuantas palabras.

Que Zelensky no es más un títere como lo fueron Batista o Somoza (yo añadiría Zedillo, Fox, Calderón, Peña, Macri, etc., pero no es mi meta polemizar al respecto) es algo que su conducta y su lenguaje dejan perfectamente en claro. Ningún político serio, con un mínimo de experiencia y de amor por su pueblo se habría expresado como el irresponsable Zelensky lo ha venido sistemáticamente haciendo. Sin ningún pudor, sin restricciones morales de ninguna índole, pontificando como si estuviera haciendo un sketch televisivo, manifestando un inmenso desprecio por la diplomacia y los arreglos pacíficos, Zelensky ha aprovechado todos los medios que han sido puestos a su disposición (y son muchos) para expresarse en un lenguaje de odio contra un pueblo hermano (él, obviamente, tiene otras filiaciones), siendo permanentemente provocador, grosero y haciendo al pie de la letra lo que su jefe Kolomoisky y sus amos norteamericanos le ordenan. Así, ha venido boicoteando todo el tiempo las pláticas de paz con Rusia, sin que le importe en lo mínimo el hecho de que mientras tanto Ucrania paulatinamente se desangra y que el pueblo ucraniano se convierte en un pueblo nómada. Cualquiera entiende que mientras no haya conversaciones de paz serias no habrá cese al fuego. Sólo un demente sin experiencia política y militar real como él podría fantasear con una victoria militar sobre una hiper-potencia como Rusia! Pero a él lo contrataron para jugar un rol, no para idear nada nuevo y ese rol lo ha desempeñado a la perfección. Lo cierto es que por culpa de Zelensky Ucrania está destruida. Si eso no es ser maldito, entonces reconozco que no sé quién o qué pudiera serlo.

La parte rusa, hay que decirlo, ha desarrollado lo que podría calificarse de ‘guerra civilizada’, esto es, guerra efectuada en concordancia con los acuerdos de Ginebra. Toda guerra es terrible, pero hay de modalidades a modalidades.  A diferencia de lo que hacen los yankis, que bombardean desde las alturas una ciudad y arrasan con todo sin que les importe la población para posteriormente mandar a la infantería a lo que es ya un sitio en ruinas, el ejército ruso se ha negado a practicar la política de guerra anglo-sajona de bombardeos estratégicos, que tanto éxito tuviera durante la Segunda Guerra Mundial. Todos sabemos cómo se logró aterrorizar a las poblaciones alemanas con escuadrones de bombarderos sin adversarios y que cumplían al pie de la letra las órdenes de acabar con todas las ciudades que se pudiera (piénsese en Leipzig, para tener una idea de lo que digo). Los rusos en cambio han generado los corredores humanitarios y quienes disparan contra la gente que abandona las ciudades son los francotiradores ucranianos, empeñados en prolongar la guerra lo más que se pueda. Esto está más que acreditado. Si el ejército ruso se hubiera propuesto destruir Ucrania, Kiev (con todo y Zelensky) simplemente habría dejado de existir, sería una ciudad fantasmas. Eso no lo han hecho los rusos. Ellos se han concentrado en objetivos militares y se han atenido a los protocolos de Ginebra. Estimado lector: ¿has oído algo de esto en los noticieros de Televisa?

El colmo del descaro fue la propuesta norteamericana, inmediatamente descartada por el comité correspondiente, de concederle a Zelensky el premio Nobel de la paz!! Todos a estas alturas sabemos que los premios Nobel no tienen absolutamente ningún valor, salvo el pecuniario, pero como dirían los franceses “quand même!”, Eso es como ofrecerle a Brozo el premio Nobel de la cultura o a Loret de Mola el de la decencia. Es francamente grotesco. Si alguien condujo conscientemente su país a la guerra, si alguien ha demostrado ser enemigo de la paz, ese alguien es Volodímir Zelensky. Es un auténtico criminal de guerra y debería ser juzgado en consecuencia ante un tribunal internacional, como en su momento lo fueron los alemanes en Nüremberg, Radovan Karadzic en la Haya, Saddam Hussein o algunos otros (huelga decir que sería inútil buscar entre los acusados a líderes criminales norteamericanos o ingleses y ello no porque no abunden, sino porque son ellos quienes juzgan. Podríamos sentar en el banquillo de los acusados, por ejemplo, al presidente norteamericano que ordenó lanzar bombas atómicas sobre ciudades japonesas o a los que ordenaron arrasar con armas prohibidas el sureste asiático o a quienes decidieron el destino de poblaciones enteras en Centroamérica por medio de grupos para-militares debidamente entrenados en los Estados Unidos). Zelensky, de la manera más cínica posible, en un estilo que no es el de la política y la diplomacia normales, pide a gritos por televisión, dirigiéndose a Senados, Cámaras de Representantes, Supremas Cortes, etc., que les manden más armamento, que establezcan una zona de exclusión aérea en Ucrania, a sabiendas de que ello significaría la guerra directa e inmediata con Rusia, que bloqueen comercial y financieramente a Rusia, que generen desempleo, hambrunas, que la Cruz Roja no instale centros de apoyo cerca de la frontera con Rusia, etc., etc. Eso es lo que ese demente le pide al mundo. Si el premio Nobel de la paz es lo mismo que el Oscar de la farsa política, se podría estar de acuerdo en que se lo concedieran, pero sólo así. La verdad es que Zelensky es una mezcla de inmoralidad suprema y estupidez. Desgraciadamente, quienes pagan los platos rotos son los ucranianos, algo que de hecho desde hace más de un mes ya han venido haciendo.

El objetivo del mal llamado ‘presidente’ Zelensky, en concordancia con sus amos occidentales, es obviamente debilitar a Rusia desde todos puntos de vista, pero esta confrontación ha venido acompañada de una odiosa campaña mundial de rusofobia. Zelensky deliberadamente ha promovido el odio entre los pueblos, pero hay que distinguir dos cosas que aunque vienen mezcladas son lógicamente independientes. Por una parte está la rivalidad actual con Rusia. Esa es una confrontación entre el Estado norteamericano, con todo lo que acarrea (o sea, Europa Occidental, Japón, Israel, etc.) y Rusia. Por la otra está el odio al pueblo ruso. Eso no tiene en lo esencial nada que ver con el pueblo norteamericano. ¿Cómo nos lo explicamos entonces? El odio en contra del pueblo ruso, difundido ahora por todos los rincones del mundo, tiene otra raíz y responde a otra confrontación, a saber, al enfrentamiento entre Rusia y el sionismo norteamericano. Son los sionistas entronizados en el gobierno y en la cultura norteamericanos quienes propagan, difunden, promueven, fomentan el odio en contra del pueblo ruso, un pueblo heroico, trabajador, con un alto grado de espiritualidad, creativo, amigable, etc. ¿Por qué razón? Esa es una problemática de hondas raíces culturales, históricas y políticas. Surgió desde la época de los zares y de las primeras comunidades judías que se instalaron en territorios rusos. Tiene que ver con el peculiar papel de una juventud judía rusa liberada durante la segunda mitad del siglo XIX y que llevó a Rusia por el sendero de la Revolución. Digámoslo claramente: la Revolución Bolchevique fue en gran medida obra de los judíos y judías rusos emancipados. Con Stalin volvieron a surgir tensiones entre el Estado ruso y las comunidades judías. Con la llegada de más de dos millones de judíos provenientes de Europa Oriental pero sobre todo de Rusia a los Estados Unidos, el odio heredado de los exiliados en contra de Rusia se encauzó por el lado de Hollywood y de la prensa mundial. Como todos sabemos, no hay película americana en la que los rusos no sean pintados como crueles, cínicos, ambiciosos, insensibles, torpes, ridículos, etc. Y con Putin se volvieron a encender los ánimos cuando éste neutralizó a los oligarcas judíos que en el período de Yeltsin prácticamente se apropiaron de todo lo que había pertenecido al Estado Soviético. Eso no se lo perdonan los sionistas norteamericanos a Putin y ese odio hacia él se transfiere automáticamente hacia el pueblo ruso. El problema es que son ellos quienes manejan el gobierno de los Estados Unidos. Son ellos quienes hacen creer que Rusia puede entrar en guerra sólo porque un hombre arbitrariamente lo decide, como si en Rusia no hubiera instituciones, leyes, consensos, decisiones colectivas, intereses nacionales objetivos, etc. Así, pues, dos conflictos se sobreponen dando la impresión de que es uno solo. Eso no es así y si no se entiende este doble carácter del conflicto, entonces no se entiende lo que está pasando dentro y fuera de Ucrania. Zelensky es la mejor prueba de lo estoy diciendo.

Volodímir Zelensky pasará a la historia como el gran destructor de Ucrania, como el gran traidor al pueblo ucraniano. Muy probablemente, termine sus días gozando de una mansión en Miami, en las islas Tahití o, como M. Khodorkovsky, entablando una demanda sin sentido en contra de Rusia y del presidente Putin por miles de millones de dólares. Es un personaje detestable, sin duda antipático, destilando odio y olvidándose por completo de que su misión como presidente era proteger a su pueblo y salvaguardar la integridad de su país. Por haber antepuesto intereses ajenos a los intereses nacionales, Zelensky merece ser juzgado. Yo en todo caso estoy persuadido de que así como Vlad Tepes, el conde Drácula, era llamado ‘Vlad el Empalador’, Zelensky debe quedar en los anales de la historia como ‘Zelensky el Maldito’, por todo el daño que le hizo al mundo.

4 comments

  1. María Josefina Benítez Sabalza says:

    Excelente artículo Dr., demasiado claro.
    Muchas gracias por compartir y efectivamente, desgraciadamente no tenemos la cultura de investigar y solo nos quedamos con lo que los medios nos informan a su manera.

  2. Humberto Luebbert Gutiérrez says:

    Han traído también para alentar la rusofia la historia de una gran hambruna genocida ordenada supuestamente por J Stalin.
    Omitiste el tema de los gasoductos por el Báltico en I en operación y el II que ha sido suspendido, y una compleja historia relacionada a Julia Timoschenko.¡Comparto las valoraciones sobre Volodomir Zelensky!

  3. Cristian Felipe says:

    Dr. Tomasini:

    Nuevamente muchas gracias por esta entrada. Respecto al tema de la misma, debo decir siempre traidores a su pueblo han existido ( y existirán). Ante un problema tan complejo como el ruso-ucraniano- estadounidense sale a relucir constantes universales: la de un títere al poder del imperio, un gobierno satélite y el sufrimiento de un pueblo. Sin más, agradezco de nuevo sus siempre comentarios. Ojalá haya pronto una nueva entrada.

  4. Landysh Ziyatdinova says:

    Estimado Dr. Alejandro, agradezco por su excelente aclaración y el análisis de la situación entre Ucrania y Rusia desde la historia. En efecto, las respuestas al “por qué de la operación militar” están en la historia geopolítica de nuestros países. Lamentablemente, la gran mayoría de los “conocedores” no se atrevieron a investigar puesto que sus “fuentes bibliográficas fiables” son las redes sociales. Una vez más, le expreso mi agradecimiento por la preocupación y el apoyo expresado a nuestra comunidad. Un gran abrazo y muchos saludos.

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