Tramposos, Ineptos y Malos Perdedores

14 Noviembre, 2017


Quizá deba empezar por confesar que me cuesta mucho imaginar que pudiera haber alguien que, en estado normal, pretendiera cuestionar la verdad apabullante de la afirmación de que el espectáculo que ofrece el mundo es sencillamente horroroso. ¿Cuál es ese panorama que genera semejante sentimiento? Presentado de la manera más abstracta posible, lo que percibimos a nivel mundial es un orden social tremendamente injusto, impuesto por la fuerza, sostenido por todo un aparataje mediático y en el cual cientos de millones de personas viven prácticamente en calidad de esclavos. Yo creo sinceramente que ni el más ingenuo de los hombres podría dudar de la existencia a escala mundial de la esclavitud, desde sus formas más brutales, como la trata de blancas, hasta las formas establecidas y aceptadas de jerarquización social. Quizá no esté de más señalar que el sometimiento sexual de la mujer es todavía mucho más notorio y humillante que el del hombre y no depende forzosamente del status social. A final de cuentas, si bien no tan ultrajadas como las mujeres a obligadas a ejercer la prostitución en la vía pública (un tema cuyas espeluznantes presuposiciones y consecuencias la gente simplemente ignora), también las mujeres del jet set, como las grandes artistas de Hollywood, mujeres que ganan millones de dólares al año, tienen que pasar por su via dolorosa consistente en hacer “favores sexuales” a directores y productores so pena de ver truncadas sus carreras. Quienes mandan en la jungla hollywoodense de buena gana transforman a una mediocre actriz en super-estrella si ésta pasa los tests de sus caprichos sexuales, como lo pone de manifiesto el caso del repugnante Harvey Weinstein, quien con toda seguridad en privado ha de jactarse de tener un récord impresionante de violaciones de artistas. Pero igualmente patético es el silencioso destino de millones de esclavos muertos de hambre (campesinos, obreros, desempleados, gente de la tercera edad, etc.) de cuyo futuro podríamos decir a priori que de hecho está fijado de antemano: hay gente que nació para trabajar para otros y que nunca podrá modificar su status social, en tanto que hay otros que (sin merecerlo desde luego) por un sinnúmero de causas viven y seguirán viviendo como buenos parásitos del trabajo de millones de personas. Como, al igual que las personas, las clases sociales se reproducen, el status quo, la estructura del mundo perdurará mientras haya seres humanos sobre la faz de la Tierra.

Un elemento escalofriante que viene a contribuir al espantoso panorama que ofrece la vida en este planeta es el hecho de que, paralelamente a la esclavitud física, nos topamos con la espantosa realidad de una esclavitud que podemos llamar ‘intelectual’ o ‘psicológica’ o ‘mental’ o, eventualmente, ‘cultural’. Si en el caso de la esclavitud material o física el objetivo es que muchos trabajen para que unos cuantos (literalmente) lleven una vida material sin problemas ni restricciones, en este segundo caso de lo que se trata es más bien de forzar a la gente, como si fueran borregos que hay que mantener en el redil, a pensar de una determinada manera, a evaluar de cierto modo, a reaccionar de una forma particular previamente diseñada para su inoculación y permanente reforzamiento en las mentes de los seres humanos. Uno de los principales objetivos es, naturalmente, la conformación de una concepción política básica que, a manera de casco, se pretende que todo mundo incorpore y porte permanentemente. Los instrumentos para la obtención de los fines deseados en este caso son, principalmente, la prensa, la televisión, el cine, el radio e internet, con todo lo que ello implica (“analistas”, “especialistas”, “intelectuales orgánicos”, “comentaristas” , videos y demás) y los mecanismos son los bien conocidos de desinformación sistemática, repetición ad nauseam de mentiras, supresión permanente de información relevante, etc., etc. El punto importante es simplemente que así como hay una estructura jurídica, un ejército, policías, instituciones, hospitales, etc., para mantener el status quo social en su variante material, así también hay todo un ejército destinado a imponer una determinada forma de pensar, lo que sería el sistema de valores más afín posible al modo de vida y al orden político y social prevaleciente. Hablo de lo que en general pasa desde luego en México, pero más allá de nuestro país en el mundo de las oligarquías, las plutocracias, los monopolios, etc., es decir, del mundo occidental en su conjunto.

De que a grandes rasgos quienes mandan en el mundo de las ideas están ganando la guerra en contra de la libertad de pensamiento y de que tienen prácticamente arrodillada mentalmente a la población mundial es algo que difícilmente podría cuestionarse. Las pruebas de ello abundan. El que el pueblo argentino, por ejemplo, haya votado (y siga haciéndolo!) por Macri es una demostración palpable de que el embrutecimiento político de la gente es no sólo posible sino efectivo, inclusive si se trata de un pueblo con un nivel de educación más que decoroso. En México, por ejemplo, podemos estar seguros de que la gente que ha sido engañada una y mil veces por el partido en el poder, esto es, el PRI (el partido de la contradicción hasta en las siglas: Partido Revolucionario Institucional: ¿cómo se institucionaliza la revolución?), votará en las próximas elecciones por ese mismo partido que tanto daño le ha hecho. La clave es, una vez más, el embrutecimiento mental sistemático, pertinaz, debilitante, ensordecedor. Esto es hasta cierto punto comprensible: sería ingenuo pensar que los medios de comunicación no son un pilar fundamental en la estructura de la sociedad contemporánea y no cumplen a cabalidad con su función.

Si lo que hemos dicho tiene visos de verdad, no queda más que concluir que vivimos en medio de dos clases de guerras: guerra de clases al interior y guerra con propuestas de vida alternativas al exterior (del mundo occidental, desde luego). Obviamente, el mundo de la cultura y de las ideas es un frente más y es el ejército de los medios masivos de comunicación la institución cuya misión es vencer en ese campo de batalla particular. Y aquí es donde de inmediato empiezan a brotar las contradicciones tangibles u obvias del sistema capitalista contemporáneo. Por una parte, en el modo de vida en el que nos tocó vivir se ensalza, se exalta, se postula como uno de sus valores supremos la libertad de expresión y se pretende hacernos pensar que ésta consiste esencialmente en la libertad de expresión no de los individuos, sino de los medios de comunicación. Sin embargo, esos mismos medios y toda la infraestructura institucional de la sociedad lo que más temen y con más encono combaten es precisamente la libertad de expresión cuando es ejercida por quienes no piensan como ellos quieren que pensemos. Así, pues (primera gran paradoja), lo que más se teme, lo que más se repudia, lo que más se aborrece y combate en los países de la libertad es precisamente la libertad de expresión! No se tiene ni siquiera que dar ejemplos de ello, puesto que los tenemos ante los ojos y abundan, como los narcisos amarillos (jonquilles) en primavera.

Podemos entonces afirmar que vivimos día a día una guerra mediática desatada en contra de la libertad de expresión, lo cual quiere decir, primera mas no únicamente, en contra del individuo intelectualmente rebelde, de quien se niega a ser sometido mentalmente, pero también y como era de esperarse, de las agencias de noticias alternativas que luchan por liberar el mercado de las ideas de las garras de los mass-media establecidos. Consideremos los casos separadamente.

¿Cómo se combate al individuo que no quiere limitarse a expresarse dentro de los estrechos márgenes que los medios de comunicación (inter alia) fijan para él? Salta a la vista que hay toda una gama de posibilidades. Una forma de hacerlo consiste en armarle una campaña permanente de desprestigio. Yo creo que, por ejemplo, el Lic. López Obrador tendría algo que decir respecto a esta clase de canalladas. No deberíamos pasar por alto tampoco el hecho de que esta estrategia viene en general acompañada del silenciamiento del blanco elegido: a éste se le critica por todos los medios (en todos los sentidos de la expresión), pero no se le da la oportunidad de defenderse. Así son las reglas del humanismo capitalista. Prácticamente no hay nadie en el mundo que sea inmune a un ataque mediático. Por ejemplo, el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, tuvo que recurrir y aferrarse al twitter para poder romper el bloqueo y la campaña de desprestigio orquestada en su contra por CNN, el New York Times, el Washington Post y cientos de publicaciones diarias que dependen de estos últimos en todas partes del mundo. Si eso le pasa al presidente de los Estados Unidos: ¿se imagina el lector la clase de linchamiento al que está expuesto un ciudadano común y corriente que aspire a hacer valer su inalienable derecho a la libertad de expresión? Pero puede ser peor. Una forma más drástica de proceder con quienes quieren decir lo que piensan o dar a conocer lo que saben es, naturalmente, suprimir físicamente al periodista insolente o al conferencista desafiante. México, como todos sabemos, es el campeón mundial en este rubro: es el país en donde más mueren periodistas y, por si fuera poco, impunemente. Sobre la tristemente célebre “Fiscalía para Delitos en contra de Periodistas” que, por lo menos hasta donde yo sé al día de hoy no ha resuelto un caso de los cerca de 110 periodistas asesinados desde el año 2000, no me pronunciaré en este artículo. Mi objetivo era simplemente llamar la atención sobre los procedimientos a los que se recurre cuando hay que ponerle coto a un osado trasgresor de las leyes de la esclavitud mental.

Mutatis mutandis, lo mismo pasa cuando el enemigo de los dueños del pensamiento público son no individuos aislados, sino agencias de noticias o institutos de información adversos. En general, dadas las magnitudes de las organizaciones establecidas (Agencia France-Presse, Reuters, Associated Press, CNN, etc.) sencillamente no hay posibilidad de competir con ellas, mucho menos de desplazarlas en lo que de hecho es su mercado, su coto. Los grupos de periodistas independientes no tienen ni los fondos ni la estructura ni el personal ni, más en general, las posibilidades de rivalizar con las grandes corporaciones internacionales que manipulan los flujos de información y comercian con ellos en función de los intereses políticos y económicos de sus dueños. Pero ¿qué pasa si la agencia que entra en el escenario para competir con ellos es una agencia estatal de un país no subordinado? Obviamente, el sistema de trampas que se le aplica al individuo ya no se puede utilizar en contra de instituciones rivales. Se requiere hacer intervenir a sus propios gobiernos. Es de esta manera como los medios de comunicación que conocemos hacen valer la “libertad de expresión”. Quisiera al respecto decir unas cuantas palabras, si se me permite.

Antes de ir a los hechos para ver qué es lo que sucede cuando un periódico realmente independiente entra en el mercado quisiera llamar la atención sobre las presuposiciones de la situación. Primero, se supone que la arena en la que nos encontramos es la del “libre mercado”, esto es, la de la competencia en concordancia con reglas previamente establecidas y válidas para todos y, segundo, asumimos (para seguir con el juego del auto-engaño) que estamos en un mundo en donde podemos dar expresión verbal libre a nuestras ideas y pensamientos. Pero ¿qué es lo que está pasando con lo que con mucho y sin que quepan dudas al respecto es el mejor periódico en internet, esto es, Russia Today (RT)? Para empezar, recordemos que se trata de un periódico que aparece desde luego en ruso, pero también en árabe, en alemán, en inglés, en francés y en español. O sea, es un periódico que realmente informa a grandes sectores de la población mundial. Hasta donde yo sé, no hay otro periódico en el mundo que desde este punto de vista pueda comparársele. Pero lo interesante es enterarse de que tampoco hay punto de comparación en cuanto a la transmisión de información. Russia Today proporciona una cantidad asombrosa de datos que simplemente sería impensable encontrar en la estereotipada y aburrida prensa estándar. Por si fuera poco, la información que está en el portal efectivamente está en el portal para los lectores, no como el New York Times que en un mes no permite leer más de 10 artículos o el El Universal, que bloquea el acceso a determinadas páginas. Pero además Russia Today proporciona información científica interesante, montones de videos de situaciones extravagantes que cotidianamente suceden y de las que no tendríamos ni idea si no fuera gracias a este magnífico portal, análisis interesantes de toda clase de temas. Y si nos vamos a los contenidos de los artículos, hay que decirlo y en voz alta: no hay comparación. La seriedad de los contenidos, por otra parte, no impide el recurso al sarcasmo, a la ironía, el sacar a la luz las motivaciones, las incoherencias o los absurdos de toda clase personajes políticos y hasta lauto-crítica, lo cual hace la lectura amena y fluida. Por ello considero plenamente justificada mi posición, que es la siguiente: habiéndole dedicado mucho tiempo a la lectura de periódicos tan variados como Le Monde (Francia), El País (España), La Nación (Argentina), el El Universal (México), el New York Times (USA), el Jerusalem Post (Israel), Al Jazeera (Arabia Saudita), The Guardian (Inglaterra) y muchos más, me siento autorizado para recomendarle con entusiasmo a mi amable lector la lectura de fabuloso periódico electrónico ruso, Russia Today (www.rt.com). Muy bien, pero ¿hay otras razones por las cuales ocuparse de un periódico electrónico particular?

Sí las hay y es que el caso de Russia Today ilustra a la perfección las mañas, las trampas, la ineptitud y más en general el despotismo no ilustrado de los medios masivos de comunicación que reinan en Occidente, de todos esos afamados periódicos de gran circulación y que se erigen como “autoridades” para la opinión pública pero sólo, ya quedó claro, cuando o porque no tienen competidores reales. Tan pronto éstos aparecen, todo mundo automáticamente percibe la mediocridad y el carácter tendencioso de sus productos. Pero les guste o no, lo cierto es que frente a Russia Today los “grandes” periódicos occidentales, estadounidenses, ingleses o de la nacionalidad que sean quedan exhibidos básicamente como burdos instrumentos ideológicos de sometimiento mental. De ahí que la atmósfera de frescura, de oxígeno que se siente al entrar en las páginas de Russia Today sea un auténtico regalo cotidiano.

Pero ¿a qué condujo el increíble desplazamiento que por la calidad de sus reportajes y entrevistas Russia Today logró sobre sus contrincantes, sobre todo en los países de habla inglesa, esto es, en los países en donde mejor se practica la política más brutal y estridente de idiotización de la gente (no hay más que echarle un vistazo a los más prestigiosos periódicos ingleses para entender lo que quiero decir)? En Gran Bretaña en particular, los mass-media (incluyendo la BBC, con sus formatos acartonados y sus eternos mensajes de odio a Rusia, de solapamiento del apartheid israelí, de burla por los esfuerzos de liberación de los pueblos (Venezuela), etc.) clara y hasta vergonzosamente perdió lo que era un público cautivo en favor de Russia Today, convertido en muy poco tiempo tanto como periódico que como programa de televisión en el más popular. Por algo será. Una cosa es que la gente no tenga opciones y otra que sea tonta! Lo mismo está empezando a pasar en Estados Unidos, en donde poco a poco Russia Today ha venido desplazando a las hasta ahora intocables gigantescas corporaciones mediáticas de modo tal que éstas, al igual que en Inglaterra, no tuvieron otra opción que hacer trampa y obligar a su gobierno a intervenir. O sea, en la competencia pulcra, jugando con las mismas reglas de mercadotecnia, en igualdad de condiciones los rusos mostraron ser superiores. ¿Qué hizo el lacayuno gobierno, tan temeroso como lo es de su prensa y su televisión? Obligar a Russia Today a registrarse como “agente extranjera”, so pena de catear sus instalaciones y llevarse sus computadoras, documentos y demás. O sea, al mejor periódico del mundo se le obligó a auto-etiquetarse casi como agencia de espionaje, cuando no es otra cosa que genuina fuente de información para la población. De igual modo, el gobierno inglés ya no sabe qué mecanismo inventar para acallar Russia Today, lo cual explica que la deplorable primer ministro. Theresa May, no tiene otro tema para presentarse ante el público que la “agresión rusa” y la difusión de “noticias falsas”. Qué fácil y, a estas alturas, qué estéril y aburrido lenguaje político. No nos confundamos: la descarada política de estos gobiernos, hasta un niño lo entiende, representa un golpe terrible a la genuina libertad de expresión, a la expresión que ilustra, que informa, que nos hace entender los hechos; en otras palabras, a todo eso justamente que la prensa mundial no quiere que suceda, porque cuando sucede el ciudadano de inmediato percibe su carácter esencialmente mendaz, su desprecio por la gente común, su status de arma ideológica utilizada todos los días para mantener un sistema de vida que se alimenta de la miseria de millones de personas y para beneficio de detestables grupúsculos de privilegiados. Russia Today es un antídoto para esa clase de ponzoña ideológica.

Como era de esperarse, en su esfuerzo por detener a Russia Today, junto con el reconocimiento implícito de que ni todos los periódicos electrónicos occidentales juntos pueden con la extraordinaria agencia noticiosa rusa, vienen más cosas, por ejemplo, la instilación del odio. Lo que a través de sus instrumentos los magnates occidentales quieren es seguir gozando de su primacía y sembrar el odio en el corazón de quienes consumen sus productos. ¿Odio a qué o a quién? Odio a Rusia, esto es, a un hermoso país con una historia grandiosa, con pléyades de escritores, de músicos, de científicos, esto es, de hombres y mujeres que han contribuido con sus creaciones y aportaciones a la felicidad mundial, con una cultura popular espléndida y sobre todo con un maravilloso pueblo que ha estado unido a la humanidad por lazos de hermandad y no por sentimientos de superioridad o por ambiciones de sometimiento. Lo real, sin embargo, el fenómeno interesante e innegable es el triunfo deslumbrante de Russia Today en el frente ideológico occidental, es decir, su incuestionable victoria frente a sus amañados, tramposos e ineptos opositores, jugando además en los terrenos de estos últimos y con sus propias reglas. Ello no es sino una muestra más de la inevitable decadencia de ese sistema de explotación del hombre y la naturaleza por el hombre que ya debería exhalar su último suspiro.