Una Infamia Más

Por lo que se ve, los países occidentales ya encontraron la fórmula perfecta: cada vez que quieren iniciar o profundizar una agresión en contra de un pueblo o de un país que no se somete a sus designios confeccionan un auto-atentado. Acto seguido, corresponde a los medios de comunicación, sobre todo periódicos y televisión, todos ellos desde luego al servicio de la causa, presentar los hechos tal como los expertos en instigación, agitación, provocación y demás lo tienen estudiado y preparado y el asunto queda así internamente arreglado: la potencia en cuestión ya quedó plenamente justificada frente a su población para la siguiente fase, que es la de la intervención armada en alguna zona del planeta y para los horrores que preparan. El esquema original lo proporcionaron, como todo mundo sabe, los Estados Unidos, con su auto-golpe de septiembre de 2001 o ¿habrá todavía por allí algún incauto que realmente esté convencido de que 22 beduinos pasaron todos los filtros de seguridad de la primera potencia del mundo, se subieron a aviones modernos de cuyo funcionamiento no habrían podido tener ni idea y los estrellaron contra los bien conocidos blancos como quien se entretiene batiendo huevos para un pastel? Yo, la verdad, no lo creo, es decir, sé que hay quienes repiten el texto original, pero sinceramente no pienso que en su fuero interno ellos mismos lo crean. Después de esa obra de arte de estrategia policiaco-militar en contra de su propia población vino, como todos recordarán, el famoso episodio parisino de “Charly Hebdo”. Por lo que se ve, éste resultó tan exitoso que se decidieron a un segundo “coup de théatre”. En este caso, la situación es tan obvia que hasta vergüenza da describirla. En todo caso, lo único que por ninguna razón nosotros deberíamos perder de vista es el principio, que yo calificaría hasta de “tautológico”, de que no es porque alguien grita ‘Sólo hay un Dios, Alá, y Mahoma es su profeta’ que ya nos las habemos con una genuina acción de militantes árabes, en esta caso sirios! Con el mismo derecho podríamos pensar que porque un borracho entra a una cantina y tirotea a medio mundo gritando ‘Viva Buffalo Bill’ que se trata de una agresión texana!

Es evidente que el crimen de París (porque obviamente se trata de un crimen y yo diría, de un imperdonable crimen de estado) no se entiende si no se comprende la situación en la que ahora el gobierno francés quiere inmiscuirse. Todo el problema tiene que ver con el Medio Oriente y con el desastre provocado por algunas camarillas políticas internacionales. Para todos los que nos informamos y que no estamos vinculados con el problema es claro que el así llamado ‘Estado Islámico’ no es ni un estado ni representa a la población islámica en su conjunto. Se trata, como todos saben, de un grupo de mercenarios reclutados, entrenados y armados por Arabia Saudita, Israel, Turquía y los Estados Unidos, básicamente, y cuyo principal objetivo era derrocar al legítimo gobierno de Siria. Y estuvieron a punto de hacerlo, pero intervino Rusia y el plan se frustró. Ahora bien, la destrucción de Siria es un eslabón fundamental en los planes de expansión israelí, pero si por una parte Irán (el enemigo supremo, el objetivo de destrucción último) ganó con diplomacia (y la ayuda de Rusia y China) y logró firmar un acuerdo de paz (a costa de su desarrollo atómico, desde luego) con los Estados Unidos bloqueando con ello la confrontación y, por la otra, Siria no cae, entonces todo el plan de la “primavera árabe”, el derrocamiento y asesinato de Khadafi, la eterna guerra en Irak y Afganistán, pierden su sentido. Siria tiene que caer y para eso está el “ejército islámico”. Éste no es más que un instrumento y por lo tanto puede ser usado tanto para invadir un país como para ser bombardeado y disuelto en el momento en que sus amos lo decidan. El evento de París, por lo tanto, significa la entrada de Francia en guerra con una entidad inapresable sólo que ya en territorio sirio. ¿Cuál es el objetivo de ello? Aquí es donde vemos el carácter siniestro de toda la operación que se inicia en París. A mí me parece que a lo que en última instancia el gobierno francés realmente se prestó es a hacer la faena que los norteamericanos no habían querido hacer, esto es, enfrentar a la aviación rusa. Esto último no se puede hacer porque significa pura y llanamente el enfrentamiento entre potencias, esto es, la guerra total. Los rusos han estado destruyendo con mucho éxito a las “fuerzas opositoras” al gobierno sirio y eso es algo que hay que obstaculizar, detener, bloquear sin que para ello las dos superpotencias tengan que enfrentarse. Ahora los aviones franceses podrán también invadir el espacio aéreo sirio, complicando las operaciones rusas y prestando ayuda a los mercenarios invasores. Para lo que la masacre de gente inocente en París sirvió, por lo tanto, fue para permitir (“justificar”) la entrada en el escenario de guerra del Medio Oriente (África no les bastó) a la aviación de un gobierno de la OTAN completamente gobernado, por si fuera poco, por el CRIF. Por consiguiente, lo que Hollande y su ministro Vals hicieron fue sacrificar a ciudadanos franceses inocentes (en esta ocasión no hubo judíos involucrados los cuales, es de pensarse, habrían sido los blancos preferidos de fanáticos musulmanes) para llevar hasta sus últimas consecuencias un plan, diseñado hace una década, de destrucción de todo estado genuino en el Medio Oriente y de conformación de pequeños estados “religioso”-militares peleando entre sí y que no representarían ya ningún obstáculo para el crecimiento de Israel, un crecimiento que por razones más bien obvias está empezando a volverse urgente.

Naturalmente, una operación tan anti-nacional como la de París tiene que estar cuidadosamente preparada y es crucial sobre todo no permitir hablar a los supuestos culpables, como pasó con el episodio del periódico francés. La versión oficial por ahora es que la operación se gestó en Bélgica y en Siria. ¿Cómo habrán hecho los militantes para pasar de un país a otro, disponer de armas como las que usaron, detonar bombas cerca de donde se encontraba el presidente francés?¿Cómo obtuvieron la información clasificada concerniente a los movimientos del presidente de Francia? Este último, es imposible no pensarlo, es un auténtico payaso (véanse, por ejemplo, en internet los videos concernientes a sus actos ridículos (tropezones, faldones de camisa, cierres del pantalón abiertos, movimientos super torpes, etc., etc.). Son increíblemente grotescos!)) que además comete errores hasta en operaciones tan delicadas como esta: ¿cómo pudo él haber sabido quiénes eran los perpetradores a media hora de que tuvieron lugar los sucesos? ¿Cómo pudo él de inmediato haber declarado ante todo mundo que ellos ya sabían quiénes eran quienes habían cometido los actos criminales en el teatro, en el restaurant y cerca del estadio? ¿Le llevó a él 10 minutos enterarse de lo que normalmente lleva días, semanas y hasta meses de investigación? Yo pienso que François Hollande se vendió y vendió a su país. De lo que no podrá zafarse tan fácilmente será de la investigación que tarde o temprano se iniciará, porque realmente no creo que, más allá de La Marsellesa cantada una y otra vez, de que multitud de artistas pasen a la televisión a cantar “La vie en rose”, etc., etc., los periodistas serios, los historiadores, los politólogos franceses acepten a pie juntillas lo que un gobierno mentiroso les diga. La explicación va a salir a luz, por una razón: Francia no es como los Estados Unidos. De aquí a 6 meses hablamos.

Me parece importante señalar lo siguiente: el plan puede estar bien orquestado, las reacciones de la gente bien calculadas, las futuras operaciones bien pensadas, pero hay un factor que no van a poder nunca manejar como manejan todas las demás variables de una operación de las magnitudes de la parisina, a saber, la reacción de Rusia y, probablemente, la de China. Lo realmente tenebroso del asunto de París es que pone de manifiesto la voluntad occidental de enfrentar militarmente a Rusia. Es obvio que hay quienes piensan que la tríada ”Estados Unidos-Israel-Francia” puede intimidar y dislocar la política diseñada por Putin de apoyo a su aliado. Me temo que esa política occidental está destinada al fracaso. El verdadero problema que aflora de un examen superficial de la desalmada matanza de gente que se divertía sin molestar a nadie ocurrida en París es que la política de los Estados Unidos parece haber llegado a una encrucijada última, definitiva: o Rusia se somete, lo cual tendrá que ser “por las malas” o se acabó definitivamente la preeminencia militar norteamericana en el mundo. Lo realmente alarmante es precisamente la constatación, a través de sucesos como el de París, que si no están insertos en un contexto más amplio simplemente no tienen sentido, de que la clique política norteamericana que maneja a su antojo el destino de los Estados Unidos (y por ende, del mundo) parece estar diabólicamente decidida a optar por la masacre no ya de cientos de personas sino de miles de millones de seres humanos para seguir manteniendo su hegemonía y satisfaciendo sus caprichos, materiales u otros. La concentración de armamento en Ucrania, a lo largo de la frontera de Rusia, las descaradas provocaciones a China, etc., parecen indicar que hay individuos y grupos en el mundo que prefieren la destrucción del planeta a la renuncia a sus delirantes sueños de poder y dominio. Lo que pasó en París hace unos días no es más que una pálida muestra de lo que están dispuestos a hacer por lograr sus objetivos. El asunto de fondo es mucho más importante que el pretexto de lo sucedido en París, configurado para justificar ulteriores decisiones políticas y militares trascendentales.

Si nos volvemos a ubicar en el nivel de lo sucedido y dejamos de lado su articulación política, hay mucho que decir. Desde luego, es evidente, ça va de soi, es obvio, en fin, no sabría qué más decir para expresar toda la indignación que nos embarga ante el espectáculo del asesinato de gente inocente, gente que tenía sus planes de vida, sus proyectos, sus familiares, etc., y que por ambiciones de terceros quedaron segados, cercenados, destruidos. Pero ¿no es eso precisamente lo que vienen sistemáticamente padeciendo las poblaciones de Palestina, de Irak, de Libia, de Siria? O ¿acaso los llantos de las madres árabes no valen lo mismo que los lamentos de las progenitoras occidentales? ¿No es lo que pasó en París lo que los occidentales han hechos, dan ganas de decir ‘desde tiempos inmemoriales’, en otros continentes? Hay un libro sagrado, lleno de sabiduría, al que yo apelaría hoy para situarnos emocionalmente. Se nos dice que “El que a hierro mata, a hierro muere”. Ojalá todos esos criminales “policy makers” que hoy manejan el mundo lo tuvieran grabado en sus irresponsables mentes.