En Memoria de un Gran Poeta

Hace más o menos un mes se cumplió el aniversario del nacimiento de un gran poeta francés, como era de esperarse un ilustre desconocido en México. Me refiero a Georges Brassens. Por lo que ese hombre representó para mí en la vida quisiera decir unas cuantas palabras.

Yo descubrí a Brassens a finales de los años 60, cuando residía en París y asistía al Lycée Janson de Sailly. Por aquel entonces lo que se tenía eran discos de acetato. De inmediato me impactaron su música y la letra de sus canciones al grado de que, aunque creo que conozco todo su repertorio, dos de las canciones de aquel viejo disco que escuché siguen siendo mis favoritas. Son “Une Jolie Fleur” y “Je suis un Voyou”. Más abajo ofrezco una tentativa de traducción de una de ellas, traducción que de antemano reconozco como sumamente imperfecta, pero lo hago con miras a darle al lector una idea un poco más precisa de lo que es la producción artística de Brassens. Antes, sin embargo, quisiera decir algo acerca de la persona misma, de su obra y de por qué es ésta tan soberbia.

Georges Brassens nació y está enterrado en Sète, en el Mediodía francés. Desde muy chico manifestó sus proclividades artísticas y de hecho algunas de sus más famosas canciones fueron redactadas durante su pubertad y juventud. Como todo poeta que se respeta, Brassens alude, de muy variados modos (remembranza, burla, nostalgia, etc.) al pasado y muy en particular a diversas experiencias de sus años mozos. Todo ello lo hace, sin embargo, sin hablar en primera persona, sin aludir a su “ego”, más que cuando quiere expresar un punto de vista particular sobre algún tema personal o alguno de interés general en especial (la misa en latín, el ladrón que le robó su guitarra, su llegada a París cuando era joven, etc.). Y sus canciones conforman un auténtico arco-iris temático: el amor, la amistad, convenciones sociales ridículas, la muerte, la política, la religión, los funerales y en general las más variadas situaciones humanas, destacando su carácter grotesco o ridículo o ejemplar o conmovedor y así indefinidamente. Su obra es de naturaleza universal, como lo pone de relieve el hecho de que su poesía ha sido traducida a muy diversos idiomas, destacándose por su fidelidad a los textos originales las versiones al italiano de Andrea Belli y al polaco del Zespól Representacyjny. En español hay por lo menos dos discos hechos en América del Sur los cuales, aunque contienen algunos aciertos y sin duda alguna tienen méritos, dejan de todos modos que desear y dan tan sólo una idea muy vaga del valor literario de las canciones originales . No es por casualidad que en 1967 la Academia Francesa le otorgó el gran premio anual de poesía, lo cual no fue más que un reconocimiento oficial de lo que ya para entonces era un reconocimiento popular generalizado.

Algo digno de llamar la atención es la formidable simbiosis de la letra de los poemas y la música en la que Brassens la envuelve. Encajan perfectamente una en la otra al grado de que cualquier alteración de la música, más aún: cualquier “interpretación”, por buena que sea, significa automáticamente una devaluación del producto original. Como es sabido, eso es justamente lo que en general pasa con las copias de las grandes obras de arte, por buenas que sean. Como excelente artista que era, Brassens no necesita otra cosa que su maravillosa guitarra y el acompañamiento de su inseparable contrabajista, el gran Pierre Nicolas. Cada canción de Brassens constituye una pequeña obra de arte completa en sí misma, auto-contenida, por así decirlo. La variedad de tonadas es realmente asombrosa.

Brassens se inscribe dentro de una tradición artística que muy probablemente tenga sus inicios en la obra del gran poeta y aventurero francés del siglo XV, François Villon. De éste, dicho sea de paso, como de algunos otros insignes poetas franceses, como Lamartine o Victor Hugo, Brassens musicalizó en forma realmente brillante algunos de sus poemas. Brassens fue, por lo tanto, además de creador un gran difusor cultural y en ese sentido un educador. Aunque sin duda conocidos y estudiados en el bachillerato, poemas como La Ballade des Dames du Temps Jadis (La Balada de las Damas de Antaño), de Villon, o Gastibelza, de Víctor Hugo llegaron al público en general, esto es, tanto al culto como al inculto. Tiene, por ejemplo, una canción en la que va recuperando y enumerando fórmulas coloquiales, tanto antiguas como actuales, para expresar desagrado, rechazo, repudio y demás, lo cual es una forma muy original de rendirle culto al lenguaje natural. También vale la pena notar su constante alusión a temas de la mitología griega (en particular a Venus).

Algo que a mí en lo particular me encanta de la poesía de Brassens es que lo que él nos regala es poesía genuina, es decir, rimas. No es mi propósito aquí y ahora discutir el tema de cuán poético es realmente el así llamado ‘verso libre’, que con toda franqueza lo menos que puedo decir al respecto es que me deja totalmente frío. Para mí, en general esa forma de hacer poesía es básicamente dar gato por liebre: se supone que a cambio de los versos que se acoplan, que le dan ritmo y musicalidad a la construcción literaria y que constituyen el aspecto formalmente difícil de la poesía, lo que se nos da son pensamientos supuestamente profundos sobre el tema que sea. Empero, salta a la vista que eso es un fraude, porque en general esos esfuerzos en el fondo no son otra cosa que esfuerzos de filósofos manqués, de metafísicos fracasados y, al mismo tiempo, de poetas incapaces. El verso libre es la mejor de sus versiones es esencialmente intelectual, mera geometría lingüística, lo cual en este contexto significa ‘a-emocional’ y precisamente por eso me parece un engaño que nadie se atreve a denunciar. Desde mi perspectiva, si una construcción literaria en verso no suscita emociones entonces no es realmente poética, digan lo que digan los snobs del momento. Definitivamente, cuesta mucho más escribir un buen soneto que muchas páginas de verso libre. Ergo… Brassens, en todo caso, es de los poetas que sí se rompen la cabeza por construir un pensamiento ritmado, un pequeño cuento envuelto en música y en eso es sencillamente insuperable.

Brassens no sólo era un artista de primer orden, sino también un gran observador y en verdad un gran psicólogo. Era también un gran crítico social. Encontramos por ello en múltiples de sus canciones, a través de los personajes que imagina, una recuperación de ciertos valores que la horripilante cultura contemporánea simplemente ha borrado de nuestro panorama cotidiano. Para entender esto cabalmente hay que conocer un poquito la vida a la francesa, así como expresiones coloquiales del francés. Por ejemplo, es muy de los citadinos franceses usar expresiones como ‘Va donc, eh! Pequenot!’, que es una expresión despectiva respecto del provinciano y del campesino (no olvidemos que Francia es uno de los países que mejor ha sabido mantener su campesinado y su vida campirana, a diferencia de países como por ejemplo Inglaterra en donde prácticamente no hay campesinos, en el sentido tradicional de la expresión). Brassens tiene canciones gracias a las cuales uno puede entender que actitudes así son tontas y hace ver que es factible captar la belleza oculta detrás de formas de vida diferentes a las “modernas”. Un ejemplo estupendo de ello es su canción “Les Sabots d’Hélène’, esto es, “Los Zuecos de Helena”. La concatenación de ideas en la canción es más o menos la siguiente: sí, en efecto, los zuecos de Helena estaban llenos de lodo, pero yo me tomé la molestia de quitárselos y encontré unos pies de reina, que guardé para mí; sí, es cierto, la ropa interior de Helena estaba carcomida, pero yo me tomé la molestia de quitársela y encontré unas piernas de reina, que guardé para mí; y sí, es verdad, el corazón de Helena nunca había cantado, pero yo me tomé la molestia de detenerme en él y encontré el amor de una reina y lo guardé para mí”. Obviamente, lo que Brassens dice tiene tanto un sentido literal como uno no literal, un sentido físico y uno psicológico. Estas ideas vienen además enlazadas con la de que precisamente por ser una pobre campesina, una mujer modesta, “los tres capitanes”, es decir, los citadinos a la moda, los de vanguardia en todo lo que son los aspectos superficiales de la vida social, nunca se fijan en ella y, naturalmente, no están conscientes de lo que se pierden.

Para mí Brassens es alguien que, quizá sin proponérselo, satisface la caracterización que ofrece Stendhal del arte, una caracterización que Nietzsche tanto le envidiaba. El arte, dijo Stendhal, es una “promesa de felicidad”. Yo creo que si se le escucha comprendiéndolo, en las circunstancias apropiadas y en la atmósfera ad hoc, eso es precisamente lo que Brassens logra con sus escuchas: hacerlos felices. Te invito, pues, lector, a un momento así con una canción de la cual yo alguna vez hace ya tiempo traduje, porque quería compartirla con alguien que no sabe francés. Se llama ‘Je suis un voyou’, es decir, “Soy un granuja”. A continuación pongo el texto y abajo la canción. Que la disfrutes!

Sepultada está en mi alma una vieja historia
Un recuerdo, un fantasma de un amor de ayer
El tiempo con su guadaña puede hacer destrozos
El afecto que yo siento siempre lo tendré.Me quedé sin habla el día
Que la observé andar
A la hermosa india María
De huarache y chalSi las flores del Paseo
Pudieran hablar
Es a la María bendita
En que harían pensarDe inmediato yo le dije
Virgen bella, ven
El buen Dios me lo perdone
No había más que hacerQue Él me lo perdone o no
Ni un comino doy
Ya mi alma está perdida
Un granuja soyLa preciosa iba a la iglesia
Para comulgar
Entonces mordí sus labios
Que eran un manjarElla me dijo muy seria
¿Qué te pasa a ti?
Mas no opuso resistencia
Ellas son así.

Nuestros cuerpos se tocaron
Sin esfuerzo mucho
Que el buen Dios me lo perdone
Cada quien su lucha

Que Él me lo perdone o no
Ni un comino doy
Ya mi alma está perdida
Un granuja soy

Era una muchacha simple
De las que ya no hay
Devoré el fruto prohibido
Que escondía su chal

Ella me dijo muy sería
¿Qué te pasa a ti?
Mas no opuso resistencia
Ellas son así

Y luego con ansias locas
Rasgué to’a su ropa
Que el buen Dios me lo perdone
Pero estaba loco

Que Él me lo perdone o no
Ni un comino doy
Ya mi alma está perdida
Un granuja soy

Me quedé sin habla el día
En que la perdí
Cuando se casó María
Con un beato vil

De seguro tiene ahora
Dos o tres chicuelos
Que lloriquean por sus dosis
De maternal seno

Y yo me alimenté de ella
Mucho tiempo antes
Que el buen Dios me lo perdone
Es que era yo amante

Que Él me lo perdone o no
Ni un comino doy
Ya mi alma está perdida
Un granuja soy

Ci-gît au fond de mon coeur une histoire ancienne,
Un fantôme, un souvenir d’une que j’aimais…
Le temps, à grand coups de faux, peut faire des siennes,
Mon bel amour dure encore, et c’est à jamais…J’ai perdu la tramontane
En trouvant Margot,
Princesse vêtue de laine,
Déesse en sabots…Si les fleurs, le long des routes,
S’mettaient à marcher,
C’est à la Margot, sans doute,
Qu’ell’s feraient songer…J’lui ai dit: “De la Madone,
Tu es le portrait!”
Le Bon Dieu me le pardonne,
C’était un peu vrai…Qu’il me le pardonne ou non,
D’ailleurs, je m’en fous,
J’ai déjà mon âme en peine:
Je suis un voyou.La mignonne allait aux vêpres
Se mettre à genoux,
Alors j’ai mordu ses lèvres
Pour savoir leur goût…Ell’ m’a dit, d’un ton sévère:
“Qu’est-ce que tu fais là?”
Mais elle m’a laissé faire,
Les fill’s, c’est comm’ ça…

J’lui ai dit: “Par la Madone,
Reste auprès de moi!”
Le Bon Dieu me le pardonne,
Mais chacun pour soi…

Qu’il me le pardonne ou non,
D’ailleurs, je m’en fous,
J’ai déjà mon âme en peine:
Je suis un voyou.

C’était une fille sage,
A “bouch’, que veux-tu?”
J’ai croqué dans son corsage
Les fruits défendus…

Ell’ m’a dit d’un ton sévère:
“Qu’est-ce que tu fais là?”
Mais elle m’a laissé faire,
Les fill’s, c’est comm’ ça…

Puis j’ai déchiré sa robe,
Sans l’avoir voulu…
Le Bon Dieu me le pardonne,
Je n’y tenais plus…

Qu’il me le pardonne ou non,
D’ailleurs, je m’en fous,
J’ai déjà mon âme en peine:
Je suis un voyou.

J’ai perdu la tramontane
En perdant Margot,
Qui épousa, contre son âme,
Un triste bigot…

Elle doit avoir à l’heure,
A l’heure qu’il est,
Deux ou trois marmots qui pleurent
Pour avoir leur lait…

Et, moi, j’ai tété leur mère
Longtemps avant eux…
Le Bon Dieu me le pardonne,
J’étais amoureux!

Qu’il me le pardonne ou non,
D’ailleurs, je m’en fous,
J’ai déjà mon âme en peine:
Je suis un voyou.

1 Hay un sitio en la red en el que se encuentran traducidas al español casi todas las canciones de Brassens. El problema es que se trata de meras traducciones literales, con lo cual sencillamente se les hace perder su alto valor melódico.